10/02/2012 13:26
Publicada en la revista Revista Viento Sur número 120.
El Observatorio Metropolitano sigue publicando libros con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero que siempre justifican su lectura. En este caso, se trata de un texto relativamente breve, pero extraordinariamente ambicioso. Su objetivo es analizar la crisis europea y los movimientos y revoluciones sociales que han conmocionado el mundo desde
finales del 2010, para concluir sobre la revolución europea, nada menos. Las tres partes tienen en mi opinión un interés muy desigual.
La primera, “No es una crisis, es una estafa”, es una muy lograda crítica radical del argumentario ortodoxo sobre la naturaleza de la crisis y las recetas neoliberales. Muestra que el problema de la izquierda no está en que no sepa quien su enemigo -como se argumenta a veces, con poco fundamento- sino en que no sabe cómo hacerle frente. Es decir, es un problema político, sobre el cual nos movemos entre incertidumbres y bloqueos. Este libro tiene el mérito de abordar
el tema, aunque los resultados no siempre sean satisfactorios.
La segunda parte, “Un fantasma recorre Europa”, analiza los movimientos sociales que surgieron en países árabes y en Europa desde finales del 2010. El texto desarrolla una descripción global de estos movimientos, basada en la experiencia real, más que en discursos ideológicos, aunque éstos tienen también un peso considerable. Pasa por encima de algunas de las cuestiones más problemáticas que siguen aún hoy sobre la mesa: por ejemplo, la ineficacia del repertorio tradicional de acciones de masas, como las huelgas generales, y la dificultad para sostener otras
formas de acción “ilegales”, como los bloqueos de la producción y el transporte; la dificultad de los movimientos frente a las alternativas institucionales (referendos, elecciones...), que no se resuelve satisfactoriamente afirmando sin más que “el problema de la representación se
diluye en la decisión colectiva de una multitud de asambleas que proliferan en cada ciudad, en cada barrio”, etc. Pero el problema principal es el tiempo transcurrido desde que el libro entró en la imprenta: estamos a comienzos del 2012 en una situación muy diferente a la exaltación de hace unos meses. Como advierten los autores: “Quizás sea demasiado pronto para calibrar el
impacto de estos movimientos”. De acuerdo.
En fin, los puntos mas problemáticos están en la tercera parte, “Algunas notas sobre la revolución europea”. No creo que se pueda pedir a nadie ni siquiera un boceto de programa revolucionario para Europa. Pero sí creo que cabe pedir que lo que se proponga ayude a entender qué puede significar esa “revolución en Europa”. No ocurre así cuando se resuelve con
un “al menos” una alternativa política: “pensar hoy en un horizonte postcapitalista – o que al menos transcienda de las formas más predatorias y brutales del actual capitalismo”. O cuando se hacen hipótesis tan ambiguas políticamente como ésta: “La paradoja, de nuevo, es que los intereses de un reformismo ‘desde arriba’ –que efectivamente no tiene visos de producirse- y la reivindicación de la igualdad y la justicia por parte del movimiento, podrían tener un punto de encuentro en la redistribución del gasto social”.
¿Qué significa este párrafo dentro de un texto que rechaza radicalmente cualquier “viejo Estado del Bienestar”, o los “artificios institucionales” (aunque considera también como una de “las grandes preguntas que el movimiento deberá responder en los próximos años es cómo asegu
rar las conquistas institucionales que pueden permitir que la apertura democrática sea efectiva y perdurable a todas las escalas de gobierno...”)?
Queda pues mucha materia en debates importantes para los que este libro es muy recomendable.
Miguel Romero
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