de Iñaki Echarte Vidarte y Francisco Brives
Editorial: O grelo ediciones
Francisco Brives e Iñaki Echarte Vidarte nos ofrecen aquí un experimento. Algo siempre alentador en literatura. Unir prosa narrativa, ensayo y poesía. Entorno a la soledad, la ciudad de Madrid y el magisterio emocional y literario de Luis Cernuda, de ahí el título (acertado) de “Huérfanos de Cernuda”. Pues Cernuda fue, a lo largo de su vida –de largo exilio- un hombre solitario, algo misántropo y evidentemente gay; solitario pero sin temor a la soledad, recordemos su verso: “¿Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?”, y alguien que vivió unos años en Madrid (justo los anteriores a la Guerra Civil) ciudad que eligió para poner casa, pues en Madrid –en la calle Viriato del barrio de Chamberí- tuvo Cernuda (hoy lo recuerda una placa) el único hogar de su vida, si se excluye la casa paterna en Sevilla. Antes y después vivió en pensiones, en habitaciones universitarias para profesores y en casas de amigos. En casa de la familia Altolaguirre en Coyoacán, muy cerca de la Ciudad de México, falleció Cernuda de un infarto en 1963. Con todos sus defectos Cernuda quiso a Madrid. A él le gustaban las ciudades grandes (Madrid estaba creciendo mucho cuando Cernuda vivió en ella) y sin duda fue consciente de que si las megalópolis reúnen cuerpos que parecen juntos y resultan ajenos, multitudes de solos, no es menos cierto que sobre todo respecto a una homosexualidad aún no aceptada por la mayoría, favorecen una vida más independiente en la que el individuo no tiene por qué dar cuenta de sus actos, aunque –en efecto- esté más solo, a veces tremendamente solo, y sobre todo a las minorías de todo tipo (ergo a las minorías sexuales) les cueste trabajo el contacto, la amistad o el amor, si bien el sexo clandestino (el “sexo de cuarto oscuro” diríamos hoy) pasará desapercibido y teóricamente sin problemas… La cuidad, por tanto, amiga y enemiga. El sexo de los solos, el sexo del cuerpo casi necesariamente mudo… Todas estas cosas, entreveradas en diferentes tonos y géneros literarios obligados a darse la mano, son lo que vamos a encontrar en este libro plural. Por encima de todo –quizá sea sutilmente un texto de protesta- hallamos el grito armónico de quienes piden (siendo gays) una vida plena, con todas las satisfacciones del cuerpo y de la psique, contra la soledad, contra el esplendente vacío de la megalópolis (que puede cambiar) y con el homenaje de la admiración y la nostalgia del “huérfano” hacia ese Luis Cernuda (enterrado en México) que fue valiente, pionero, culto y sobre todo excelentísimo poeta. ¡Buena suerte, amigos! Madrid-Agosto-2009
Número de páginas: 187
No tienes permisos para publicar un comentario