«Tengo que contar mi historia, es lo único que me queda».
La frase es de Eloísa -nombre ficticio-, una mujer esquizofrénica que de niña hablaba con los animales y años después amenazó con degollar a un cura en plena misa. Condenada durante la mitad de su vida a un círculo infernal de internamientos psiquiátricos, penurias económicas y exclusión, nunca tuvo la oportunidad de hilvanar un relato sobre sí misma.
A partir de sus encuentros en un remoto pueblo de Galicia, Catalina Murillo toma distancia y deja correr un torrente verbal excesivo y a menudo desbordado por ideas peregrinas, cada cual más extravagante que la anterior. A lo largo de episodios cruciales del pasado de la protagonista -alucinados y alucinantes, pero reales- va tomando relieve un impulso vital sin freno, rabioso e insobornable. Recobrar la propia voz aflora aquí como una vía posible a la cordura. estar atentos en ese estado de umbral en el cual los pensamientos se niegan a seguir una línea, podríamos liberarnos de los intrincados caminos mentales y abrirn
ELOÍSA VERTICAL
AUTOR/A
MURILLO, CATALINA
Catalina Murillo, Costa Rica, 1970. Nace en un taxi. De los siete a los diecisiete estudia en el Liceo Franco Costarricense. A los ocho años tenía un periódico mural, El Espeluznante, en una pared de la casa. En la Universidad de Costa Rica estudia Comunicación, sin saber qué hacer con «ese gran talento tuyo», del cual no había constancia. Fue salvada por la Escuela Internacional de Cine, Cuba. Ahí estudió guion, y entendió quecontar historias era algo a lo que una podía dedicarse. De regreso a Costa Rica, publica Largo domingo cubano, crónica. Con veintiocho años renace en Madrid, donde vivió un par de décadas, trabajando en teleseries y como profesora de guion y de escritura creativa en los Talleres Fuentetaja. De vuelta en Costa Rica, publica Tiembla, memoria, su libro más personal. Maybe Managua, novela que obtuvo el Premio Nacional de novela. Marzo todopoderoso y Eloísa vertical, novela de no ficción. Su mayor pasión son sus talleres, Cata Oral. Toda su vida ha vivido de la palabra, escrita y hablada.



