Publicamos en este volumen uno de los textos capitales de la teoría política y del liberalismo, el célebre discurso que Benjamin Constant pronunció en el Ateneo de París en 1819. Marcado por la experiencia de la Revolución francesa, y por la deriva despótica de un republicanismo que había empleado la «voluntad general» rousseauniana para instaurar el Terror, el autor estableció aquí la famosa distinción entre la libertad de los antiguos y la de los modernos; esto es, entre la libertad propia de las repúblicas de la Antigüedad y la libertad de las sociedades modernas, posteriores a la Revolución. El discurso se complementa en este volumen con «La libertad de pensamiento», capítulo extraído de la obra cumbre del autor, 'Principios de política aplicables a todos los gobiernos'.
LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS FRENTE A LA DE LOS MODERNOS
AUTOR/A
CONSTANT, BENJAMIN
Benjamin Constant nació en Lausana en 1767. Durante su infancia y juventud viajó por toda Europa, estudiando en Baviera y Edimburgo. Fue uno de los hombres más populares y respetados, además de controvertidos, de su época. Tuvo numerosas amantes (la más conocida de ellas Madame de Staël), que serían muy influyentes tanto en su vida como en su obra literaria. En 1795 comenzó su actividad política, defensora de los derechos civiles y seguidora en parte del modelo liberal inglés. Fue partidario siempre de las monarquías constitucionales con poderes limitados y de la descentralización del estado. En 1798, por la anexión de Suiza, se convirtió en ciudadano francés. Defensor en un primer momento de la Revolución francesa, se opondría más tarde al régimen de Napoleón y sería, por ello, exiliado, aunque durante la última etapa del bonapartismo estaría cerca de éste. En 1819 fue elegido diputado. Murió en París en 1830, al poco de ser nombrado, tras la revolución de ese mismo año, presidente del Consejo de Estado.<BR>Aunque dedicó muchos años y esfuerzos a estudios tan extensos como De la religión considerada en sus fuentes, sus formas y sus desarrollos, sus obras más perdurables son, amén del Diario íntimo, las novelas Adolphe y Cécile y sus memorias de juventud, recogidas en El cuaderno rojo.


