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Cuando en 2020 interrumpe sus clases presenciales, Sabina le escribe a una alumna. «Laura, he estado pensando y me gustaría que continuaras el taller». Sin planes ni fechas, a tientas, Laura sigue escarbando.
Dos años más tarde, Sabina escribe: «Anoche soñé que quedábamos en la puerta de tu antiguo colegio. En un momento yo me preguntaba si habría alguna forma de impedir el curso de las cosas desde ese viaje al pasado en el que me encontraba. Sentía unas ganas terribles de detener aquello que podía estar por pasar. Pero, no sé cómo, al verte entendía que lo que yo quería evitar ya había pasado. Que ya no había manera de volver atrás».
Tres años después, el libro está terminado. Desde ese lugar tranquilo al que una sube para contemplar y entender lo que ha hecho, Laura escribe: «La vida es una montaña alta de color blanco roto dispuesta a ser subida, bajada, revolcada y manchada por palabras, afinidades y ensamblajes».Seismil es la historia particular de una reconstrucción. Como cuando te entran ladrones en casa. Mirando todas tus cosas tiradas por el suelo parece que una mirase su vida por primera vez y extraña su propia casa. Reflexionas sobre tu historia, sobre los que te rodean, te preguntas quién eres y te das cuenta de que tienes por delante el camino largo y trabajoso de subir a una montaña.
Los momentos que recuerdo están a trozos, imágenes sueltas que no consigo conectar. No encuentro el hilo, a veces no sé qué vino antes y qué después. Leí en un ensayo del que no recuerdo el nombre que el nihilismo se ha entendido mal, que se ha vendido como una filosofía intensa para adolescentes que no creen en nada, pero que en realidad el nihilismo es haber perdido el hilo. El hilo materno, el hilo con la infancia, que es donde encontramos lo que realmente somos y, cuando conectamos con ese yo, se nos cae la máscara. Entonces pienso: si has perdido el hilo, ¿ya no podrás retirar la máscara? Si has perdido el hilo, ¿cómo escribir de una manera que no sea fragmentada? Seismil, Laura C. Vela, 2025