La reaparición del último gran narrador estadounidense vivo.
Milwaukee, 1932. En plena Gran Depresión, con la derogación de la Ley Seca a la vuelta de la esquina y Al Capone en la cárcel, Hicks McTaggart, antiguo rompehuelgas convertido en detective privado, cree haber encontrado un trabajo seguro hasta que le encargan lo que debería ser un caso rutinario: localizar y rescatar a una rica heredera de Wisconsin. Poco después, McTaggart se encuentra, sin saber cómo, a bordo de un transatlántico que lo llevará a Europa, y finalmente termina en Hungría, donde, por supuesto, no hay ni rastro de la heredera fugitiva. Hicks tendrá que vérselas con nazis, agentes soviéticos, contraespías británicos, músicos de swing, mentalistas y grupos paramilitares, así como con los problemas que cada uno de ellos conlleva, ninguno de los cuales está capacitado para afrontar. Envuelto en una trama que no entiende, y de la que no ve la manera de entrar ni de salir, lo único positivo para Hicks es que está viviendo el amanecer de la era de las big bands y él, por casualidad, es un bailarín bastante bueno. Que eso le permita regresar a Milwaukee y al mundo normal, que quizá ya no exista, es ya otra cuestión.
A OSCURAS
AUTOR/A
PYNCHON, THOMAS
Thomas Pynchon nació en Nueva York en 1937, y de él apenas se sabe que estudió ingeniería y literatura en la Universidad de Cornell, donde fue alumno de Vladimir Nabokov (aunque éste no recordara haberlo tenido en clase), que redactó folletos técnicos para la compañía Boeing, que envió a un cómico a recoger el National Book Award, y que vive en Nueva York. Tusquets Editores ha publicado la integridad de su obra de ficción, compuesta por las novelas Vineland, La subasta del lote 49, El arco iris de gravedad, V., Mason y Dixon y Contraluz, y el libro de cuentos Un lento aprendizaje. Vicio propio, su novela más reciente, adopta las claves genéricas de la novela negra, por más que en esta elegía a los años sesenta no haya cejijuntos detectives alcoholizados y la protagonice un memorable hippy fumeta, tierno, desacomplejado, ingenuo pero más espabilado de lo que parece y con un sentido natural de la justicia.









