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Reseña

Carabancheleando: periferias subalternas e investigación militante.

Autor/a de la reseña: 
Fernando Vanoli y Noelia Cejas
Fecha de la reseña: 
Jueves, 20. Septiembre 2018
Medio donde se publicó: 
La Luna con gatillo
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Estigma (Estigmas)

Dícese de la certeza absoluta que se tiene de que si un

ciudadano decente pisa las calles de Pan Bendito, será

atacado por seres del submundo, que le requerirán bajo

amenazas o violencia que entregue todas sus pertenencias.

Dicha certeza se fundamenta en la sólida labor de investigación

del prestigioso equipo de Callejeros, así como en leyes físicas

de incuestionable rigor, que se enuncian bajo la fórmula «Pan

Bendito, si no me lo das te lo quito»…

 

Carabanchel es un barrio de la periferia de Madrid, de esos bordes industriales que expandieron las ciudades en nombre del progreso y que acumularon marginalidad y desigualdad social. Esta reciente historia urbana desbordó rápidamente la capacidad de comprender el fenómeno de las periferias de las ciudades, abriendo grandes interrogantes sobre la organización del espacio y lxs sujetxs que allí habitan. Mientras este proceso se consolidaba, grandes resistencias emergieron en esos territorios, colectivos de todo tipo.

Carabancheleando es un colectivo de investigación que entrama distintos modos de estar en la periferia: es investigación realizada entre colectivos, vecinxs, no todxs del barrio y con pocxs académicxs. El proyecto comenzó como una forma de ponerse en contacto con las gentes que participaban de los distintos espacios del barrio y, poco a poco, fue caminando hacia pensar e investigar colectivamente, desde los movimientos, en momentos de crisis económica devenida en ofensiva neoliberal y su impacto en las periferias.

El proceso llevó a poner en evidencia la pluralidad y la complejidad de las visiones contra-hegemonías, “se trataba de poner en valor los saberes experienciales por encima de los teóricos: se trataba de hablar con expertos en su propia experiencia”. La necesidad de poder reflejar todo ese conocimiento producido en paseos, reuniones, caminatas y mapeos devino en la publicación de un libro junto a Traficantes de Sueños, titulado “Diccionario de las periferias”.

La idea de diccionario es asumida, también, en un sentido a contramano. No se trata de realizar un desglose acabado del vocabulario del barrio, sino un modo distinto de presentar un pensamiento periférico (entendido en su acepción espacial y social). En otras palabras, el diccionario permite construir una expresión que no se asienta en el devenir cronológico-histórico del colectivo, sino en el devenir de su pensamiento. En ese sentido, el diccionario como ejercicio de construcción colectiva, evidencia el dispositivo de poder que consiste en nombrar las cosas, recortar lo real, establecer relaciones de jerarquía entre sus componentes.

Se trata de un “lenguaje periférico que pertenece a los saberes alejados de los núcleos de poder y de los conocimientos oficiales”, y como tambien dicen, el valor del diccionario no se fundamenta en su representatividad, “sino en lo que la gente situada en un momento histórico concreto reflexiona acerca de un espacio generalmente impensado o malpensado”.

A riesgo de digresión, vale la pena señalar algunos elementos que componen el escenario histórico-político de esta experiencia de investigación militante. En el año 2011 surge en España el movimiento 15M, o de los indignados. En medio de un contexto de crisis de corrupción, desempleo y falta de representatividad política de los dos principales partidos políticos nacionales, el malestar se vuelve organización, acampe y manifestaciones. En lo que remite a lo habitacional, en ese marco se produce la venta de viviendas protegidas (hasta ese momento, algunas viviendas eran objeto de políticas públicas destinadas a garantizar el acceso a vivienda digna) a fondos buitres. A través de esa medida la propiedad de las viviendas pasa a ser de esos fondos, provocando una ola de desalojos[1].

En el marco de la fuerte agitación que produce este tipo de crisis en España es que surge esta experiencia de investigación colectiva y militante, en las propias márgenes de Madrid, en el epicentro de los desalojos y de distintas formas de resistencia.

Conversamos con Carabancheleando, dándonos una oportunidad de profundizar en las complejidades que atraviesan estos procesos. A continuación reproducimos el diálogo:

Ciencia Nómade (CN): En la introducción al diccionario hacen referencia al trabajo en conjunto que realizaron en Carabanchel y presentan los inicios de esa experiencia como un “devenir común a partir de una propuesta externa”. Entendemos que lo externo lo define la participación de personas que no son del barrio, pero con voluntad de construir allí, en un camino colectivo. ¿Cómo fue ese devenir? ¿cómo se construye lo colectivo, partiendo desde ese lugar de exterioridad, evitando lógicas de imposición?

Carabancheleando (C): Carabancheleando surge en 2013 al cruzarse dos procesos que tenían su propio recorrido. De un lado, un emergente conocimiento crítico de las dinámicas urbanas neoliberales que se venía fraguando en Madrid en la anterior década y que tenía en el Observatorio Metropolitano -un dispositivo de investigación imbricado en los movimientos sociales- una de sus mejores representaciones. De otro lado, una efervescencia barrial de multitud de proyectos autogestionados -centros sociales, huertos, viviendas colectivas- y de luchas vivas -sobre todo contra los desahucios- que emergía del 15-M[2]. El cruce entre ambos procesos se produjo en el momento en que una investigación colectiva sobre cómo estaba impactando la crisis neoliberal en las periferias, consiguió caracterizar las diferencias -y el gobierno de esas diferencias- al interior de esas periferias. Carabanchel, uno de los barrios periféricos que más había eclosionado en el 15-M, era un territorio que encerraba en sí mismo esa diversidad, y además, algunas de las personas que participábamos en aquella investigación sobre las periferias conocíamos bien el barrio y a esos movimientos. Fue en ese momento cuando se lanzó una convocatoria abierta a colectivos y espacios sociales del barrio con la invitación de sentarnos a pensar juntos aquellos que se sintieran interpelados con la necesidad de pensar e investigar desde los movimientos esos momentos de crisis económica devenida en ofensiva neoliberal. A partir de ahí, se puede decir que el proceso de investigación derivó en una otra investigación, esta vez situada, territorializada en un espacio y en unos sujetos concretos. Lo que nació ahí, Carabancheleando, se nutrió de gentes de ambos procesos, y de otras que fueron apareciendo por el camino. Y es desde esa nueva investigación, con las mismas preguntas que la primera, pero con mayor interés por otros procesos localizados en el barrio, desde la que se construyó el proceso. La agenda, definida de forma horizontal, fue a partir de ese momento la del propio colectivo Carabancheleando, y no ya la de una gente de fuera.

La clave quizás está en los intereses y en los afectos. La propuesta inicial interesaba, y lo hizo más aún si cabe cuando pudo verse arrastrada a preguntas propias que emergían de los propios movimientos del barrio. Y en cuanto a los afectos, de forma implícita, nunca hablada, hubo sumo cuidado en el proceso, de una ética colectiva que partía de la igualdad de inteligencias y de la conciencia de los efectos perversos del aterrizaje de investigaciones vampiro en los barrios y los movimientos.
 

CN: También se señala la sobreintervención que experimentan las periferias de la ciudad, observable en el alto cúmulo de información sobre estos “barrios vulnerables”, a diferencia de lo que se puede conseguir de los “barrios normales”. Nos preguntamos y les preguntamos, ¿de qué manera es posible desarmar ese dispositivo relacional que posiblemente opera en los primeros encuentros con lxs vecinxs?

C: Es difícil pensar en una única clave, pero sí pensamos que en nuestro caso el arma que más nos ayudó fue nuestra posición liminal. Por un lado, muchas de nosotras trabajamos en una de las instituciones que más sobreintervienen en los barrios: la Universidad. Conocíamos por tanto, en primera persona, las dinámicas depredadoras que muchas investigaciones académicas toman. La imposición de unos intereses de investigación que son exteriores a las inquietudes y sentires de quienes se convierten en objeto de investigación. La instrumentalización de las personas y sus saberes para someterlos a los intereses de los investigadores. La minusvaloración que supone colocarse en la posición del que “sabe” frente al otro portador solo de la experiencia. El supeditar ritmos y tiempos al compás de la investigación y no de la vida...Por otro lado, como muchas de nosotras nacimos y crecimos en barrios sobreintervenidos, habíamos sido también objeto de todas estas dinámicas y conocíamos bien los recelos, incomodidades y cabreos que generan entre aquellos que se dejan la piel por cambiar la realidad de los barrios periféricos. Quizá fue esta posición privilegiada la que nos permitió saber qué líneas no queríamos cruzar y desplegar el cuidado, la apertura y la humildad necesarias para trabajar con y no sobre aquellos a quienes queríamos convertir en aliados.

CN: Varias veces remarcan la voluntad no académica o no profesional de la investigación. A su vez, proponen una disputa por el lenguaje, donde reivindican un lenguaje periférico, distinto al hegemónico, del poder, oficial, “correcto”, ya que estos son los relatos que construyen la ofensiva neoliberal. De esa forman trazan una relación directa entre la investigación académica y las narrativas hegemónicas ¿Es posible pensar que existen otras alternativas intermedias? o de otro modo ¿es potente trazar esa frontera? ¿no estaría generando una falsa dicotomía?

C: Es cierto que esta frontera que trazamos puede parecer y, de hecho, es simplificadora. De hecho, en determinados momentos somos conscientes de que ha generado malestares. Porque, sin duda, dentro de la investigación académica hay personas que se pelean constantemente por no convertir su trabajo en una narración hegemónica tejida solo desde los intereses académicos. A la par, no todo aquello que “se piensa” fuera de la academia es potente per se. Conocemos muchos relatos militantes tan marcados por determinadas ideologías o doxas en boga que dictaminan a priori lo que hay que pensar, y desde ese dogmatismo de un deber ser, convierten toda duda en sospechosa. Sin embargo, y pese a todas las líneas de fuga que conocemos, consideramos importante incidir en esa relación entre la universidad y los relatos hegemónicos, precisamente porque al menos en la universidad que nosotras habitamos continúa siendo algo innombrable. Y en la medida en que no seamos capaces siquiera de poder sentarnos a hablar de las relaciones de poder que atraviesan axiomáticamente nuestro hacer investigador, continuarán siendo jerarquías invisibilizadas y, por ende, naturalizadas. Así pues, trazar esa frontera no es más que una invitación a hablar juntas de aquello que nos atraviesa.

 
CN: Uno de los aspectos más interesantes que se plantea en el diccionario es la polisemia del lenguaje, donde la perspectiva periférica plantea una disidencia de los relatos hegemónicos, y una disputa por los sentidos que se pretenden imponer, sobre todo a partir de la experiencia -cotidiana e histórica- de la vida en las periferias. Tal vez, uno de los desafíos más complejos es cuando el relato periférico reproduce el hegemónico ¿les sucedió enfrentarse a eso? ¿cómo lo abordaron? ¿lo consideran una dificultad a la hora de construir un diccionario no oficial? Volviendo sobre la consiga de devenir colectivo y recuperando el carácter de externalidad de algunos componentes, puestos ahora a pensar el discurso, los relatos, el lenguaje: ¿Cómo se inscribe en lo colectivo el relato construido desde fuera, especialmente el que subalterniza? ¿es posible un diálogo o una discusión sobre la reproducción de relatos hegemónicos?

C: Una de las cuestiones que emergió desde el principio en los mapeos y los paseos era el enorme caudal de saber que allí afloraba, un saber situado en los cuerpos, en los espacios concretos, en la memoria y experiencia de múltiples personas relativamente heterogéneas en cuanto a edad, tipo de sub-barrio, biografía, capital cultural... Ese saber desbordante emergió gracias a ese cuidado colectivo que, bien por precaución, bien por intención, se impuso en todos los encuentros: la norma implícita parecía ser “aquí nadie cuestiona un saber si éste parte de la propia vivencia”. Gracias a esa máxima implícita, emergían voces y problemas que nunca podrían escucharse en una asamblea tradicional de los movimientos sociales en Madrid: se trataba de voces críticas con la realidad, pero construidas con tejidos de relatos y verdades hegemónicas (como el desarrollo, el orden, etc.). El hecho de que esas voces pudieran ser escuchadas en los dispositivos colectivos de encuentro (sobre todo los paseos) por parte de gente que militaba en movimientos sociales muy activos en ese momento, hacía esas situaciones muy ricas, al mismo tiempo que las voces más curtidas en luchas radicales modulaban su habla y eran capaces de enunciar desde el plano igualitario de la experiencia, y no de la ideología. Esta heterogeneidad, que también se ha reproducido de algún modo en el Diccionario de las Periferias, permite, más que construir una respuesta contra-hegemónica, atender a la diversidad y complejidad de visiones que desbordan la visión hegemónica. Desde ahí es desde donde han aparecido esas visiones más hegemónicas, que formulan más preguntas y retos que la necesidad de ser rebatidas. El Diccionario es más un ejercicio de pluralidad que de contra-discurso.

No obstante, el mayor límite que encontramos a nuestro proceso es, a pesar de haber sido un dispositivo sumamente abierto, no haber podido llegar a -y mezclarnos con- otras muchas gentes que habitan la periferia. Pensamos que ésta está hecha de mundos intransitivos forjados por fronteras de clase, racialización y generación muy difíciles de mezclar. Sabemos que en esos otros mundos a los que no pertenecemos (por ejemplo, el de los chavales del parque, el de los gitanos de la iglesia evangélica, el de los ecuatorianos que hacen fiestas y bailes en el parque), hay discursos hegemónicos y reproductivos, pero también múltiples prácticas y formas de mirar donde habitan resistencias cotidianas. Nuestro reto es poder llegar a dialogar con ellos.

 
 

CN: Plantean una construcción colectiva, donde la reflexión es siempre grupal, pero muchas veces el trabajo más fino fue solitario pero recuperando ecos de lo colectivo. Esto lo definen como horizontal, donde se aporta al mismo nivel, sin jerarquías. Entendemos que allí hay una enorme discusión, sin caer en fundamentalismos ni demagogias, nos preguntas y les preguntamos ¿qué aspectos de esa dinámica pueden compartirnos que esclarezcan un poco más esta potente discusión? ¿en qué sentidos es posible esa horizontalidad? ¿Cómo es posible hacer de lo anti jerárquico algo más que una pose o un discurso bienintencionado a lo largo de un proceso de este tipo? ¿de qué manera podemos sostener la vigilancia sobre la efectiva horizontalidad?

C: Somos conscientes que el paso del relato oral al texto escrito supone, en sí mismo, una jerarquía. No todo el mundo estamos igual de habituadas a este lenguaje ni nos sentimos igual de cómodas en él. Cuando pensamos en el formato de un Diccionario, teníamos en mente esta desigualdad, y apostamos precisamente por un diccionario porque, dentro de ese un texto escrito, posibilitaba una cierta desjerarquización: permitía construir textos breves, donde cualquier estilo, tono, acercamiento... era válido: de un párrafo a una parrafada, de una poesía a un relato histórico, de una argumentación hilada a una explosión creativa, de una palabra cotidiana a un concepto teórico. Quienes impulsamos el proceso, intentamos también acompañar en la escritura a quienes más inseguros se sentían... convencidas de que todas teníamos mucho que aportar. Aun así, dado que la conversación entre diferentes está repleta de jerarquías internas que no siempre se pueden amortiguar (y, desde luego, en Carabancheleando no podemos decir que lo hayamos logrado), el proceso nos deja una serie de intuiciones que pensamos ayudan a sostener esa vigilancia sobre la efectiva horizontalidad, una especie de criterios de rigor interno del proceso que nos permiten, al menos, dibujar un horizonte. Así, para que una conversación entre iguales sea, de facto, horizontal, pensamos que hay que cuidar con esmero:

- hasta qué punto se produce una circulación de palabra y tienen cabida las distintas voces y visiones.

- hasta qué punto se da una puesta en valor de saberes habitualmente considerados como saberes menores (aquellos que parten de la propia experiencia y no de lo teórico/abstracto)

- hasta qué punto se produce, entre todas las que participamos, interés y compromiso con el espacio de creación común

- la calidad que tenga la conversación entre diferentes: que haya puntos de encuentro, y posibilidad de hablar y pensar juntas los puntos de tensión o crisis

- que surjan en el proceso algunas “nociones” clave que “hablen” a todos los participantes, a la hora de nombrar formas de poder y resistencia en contexto actual

 

CN: Ante todos los debates que ponen sobre la mesa, es contundente que el diccionario no es un producto que se agota en sí mismo, todo lo contrario, el valor más importante está puesto en el diccionario como proceso, ¿es posible que esto también defina un poco la perspectiva epistemológica de una investigación militante?

C: Sin duda, el fin de la investigación militante no es el conocimiento, sino la transformación a partir de un conocimiento vivo, atento a las dinámicas sociales y útil en una situación dada para poder leer lo que nos pasa. En una presentación del Diccionario en la ciudad de Barcelona se nos interrogó, con cierto tono de decepción, sobre la oportunidad quizás pérdida de poder haber construido un relato contra-hegemónico que fuese capaz de interpelar a las periferias. La pregunta decepcionada se nos hacía desde la sensación de urgencia que plantea el ascenso de la ultraderecha y de los microfascismos mainstream que abundan en los barrios de aquella ciudad. Defraudando a quienes allí estaban, efectivamente tuvimos que reconocer que no se trataba de construir un contra-relato, sino de visibilizar otros múltiples relatos situados desde la experiencia de vivir en la periferia. Es posible que no todos los que formamos parte de Carabancheleando nos identifiquemos plenamente con todas de las definiciones que aparecen en el Diccionario, pero sí nos identificamos con la necesidad de que esas voces estén, incluso las voces que nos hablan desde la vivencia de conflictos interculturales. El valor no está en el contenido, sino en la posibilidad que abre como herramienta de trabajo colectivo que pueda replicarse en otros muchos espacios (en colegios, entre profesionales de lo social, entre movimientos vecinales, etc.).

 

CN: El trabajo colectivo de mapeo permitió hacer expresable otras formas de vivir la ciudad, otras experiencias en el territorio. Señalan en el diccionario que parte de ese recorrido permitió una “constatación material de las relaciones de poder” ¿de qué manera es posible incidir en la reconfiguración de esas materialidades opresoras o invisibilizadoras a partir de estos mapeos?

C: Tenemos en mucha estima al colectivo argentino Iconoclasistas, de quienes aprendimos todo lo que sabemos de mapeo, así que seguro que es mucho más rico si son ellos los que responden esta pregunta. Tal y como lo hemos usado, el mapeo se aparece como una revelación, un modo de conceptualizar a vista de pájaro las relaciones entre las cosas que nos pasan, la posibilidad de espacializar y volver con ello experiencia concreta lo que la teoría demasiadas veces conceptualiza de una forma abstracta. Si el mapa siempre fue una herramienta del poderoso a la hora de planificar su estrategia, es también el modo inicial de aprehender y apropiarse del territorio por quienes lo viven como enajenado. No hemos usado el mapeo de un modo activista, esto es, como herramienta de planificación de una acción.

Nuevamente, al menos para nosotrxs, aquí cartografiar no es tanto un objetivo técnico y depurado, sino un ejercicio de encuentro, diálogo, aprendizaje intersubjetivo y comprensión crítica de la realidad. Pero también de construcción de un común -el barrio- desde la diferencia. Ese sentido de pertenencia compartido y a la vez diverso, lo facilita tanto el paseo como el mapeo.

 

CN: Como colectivo definen su hacer como una investigación, en ese marco y en relación a la discusión que intentamos abordar en la columna ¿porque dirían que la investigación es una práctica política?

C: No toda investigación es una práctica política, puesto que muchas se encuentran atravesadas de las relaciones de poder que hemos mencionado antes. Pero sí consideramos que la investigación militante, esto es, la capacidad que tiene lo social en movimiento de preguntarse por aquello que (nos) pasa, es una práctica política. Primero, porque supone reconocer que la producción de saber es un campo de batalla en el que hay que tomar partido. Segundo, porque todo proyecto de transformación social necesita dotarse de un conjunto de nociones comunes que permitan una lectura de la realidad compartida y, a partir de ella, ser capaces de formular hipótesis de victoria que guíen el movimiento. Como bien escribió hace un tiempo una amiga y aliada de Carabancheleando, “leer la realidad juntos es crear las condiciones de posibilidad para cabalgar de la mano los acontecimientos que se nos presenten, siendo capaces de lanzar apuestas de trabajo compartidas”. Por eso apostamos y en esas estamos.

La experiencia de investigación que propone el colectivo Carabancheleando aporta un sinnúmero de líneas para seguir pensando y trabajando. Experiencias de este tipo, que rompen cualquier “marco” metodológico, nos permite encontrarle textura a formas de investigación sensibles y potentes, donde los conceptos son más una herramienta para seguir andando, para disputar espacios, para dislocar jerarquías, que el objetivo de llegada. Hay ahí una mirada atenta a los flujos, a los movimientos, a las intensidades desde las cuales se vive en el territorio, antes que las cristalizaciones del proceso.

Existe una pluralidad de experiencias que no ingresan en las definiciones hegemónicas, que desbordan sus límites, que se le contraponen, que las matizan. Habitar la periferia supone una experiencia que puede o no aparecer mixturada con los discursos oficiales. Esa artesanía, ese devenir de frontera que se afirma en su especificidad tiene su expresión en este diccionario, que justamente mira de frente y hace expresivas experiencias de habitar disidentes e invisibilizadas.

Construyendo un poco el mapa con la columna anterior, y la propuesta compartida de Boaventura de Sousa Santos, de “intelectual de retaguardia”, ahora sumamos una idea que nos convidan sobre la “posición liminal”. Haciendo referencia a cómo construyen sentido, como investigadorxs, en ese lugar que ocupan desde la universidad, y a su vez como habitantes de barrios periféricos, y/o con militancias en esos lugares. Desde una mirada crítica con la universidad, marcan con certeza qué límite no quieren cruzar, para poder desplegar una apertura necesaria para trabajar con otrxs.

Nos interesa poner de relieve la experiencia de Carabancheleando, porque bajo esta perspectiva de permanente construcción -con la referencia puesta en el cotidiano y la desigualdad histórica- el propio ejercicio de pensar en colectivo compone un modo de lucha por el sentido que se sabe en movimiento, que se sabe siempre en tensión, siempre a riesgo de ser fagocitado. Pero también, la sub-versión con que se asume el ejercicio de hacer un diccionario, poniendo a la luz las experiencias dolorosas de habitar la periferia y el sentido colectivo en que se enuncia, es ya un modo de conjurar los sentidos hegemónicos con que se establecen las relaciones con y en la periferia.
 

 
 

[1] La presencia de los fondos buitres en España tiene características diferentes a las que suceden en Argentina. En el caso de Argentina los fondos buitres anidan en la compra de deuda pública, mientras que en el caso español compraron deuda hipotecaria y activos de vivienda social.
 

[2] El Movimiento 15-M, fue un movimiento ciudadano conformado en el 2011 por diversos colectivos, en el marco de una serie de protestas en España, con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo y del dominio de bancos y corporaciones..