Ha pasado un año, estamos en 1934, y el Pibe Rivarola ya es periodista. Su jefe lo manda a un burdel de la Isla Maciel, cerca del barrio de La Boca, para entrevistar a una prostituta polaca. Así entra en un laberinto que, a través del Parque Lezama, Barracas, Avellaneda, el Hotel Castelar o el Hospital de Mujeres, conduce a la mafia judía Zwi Migdal, la ambigüedad del deseo y del mundo cultural, la frontera turbia entre la policía y el periodismo, varios chantajes y asesinatos, sus correspondientes dudas morales. Rivarola vuelve a cruzarse con Borges y conoce al poeta Federico García Lorca y al maestro del tango Homero Manzi. Un thriller detectivesco que es, a la vez, un poderoso retrato de la complejidad de las migraciones. Fervor y horror de Buenos Aires.
AUTOR/A
CAPARRÓS, MARTÍN
Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) se licenció en historia en París, vivió en Madrid y Nueva York, dirigió revistas de libros y revistas de cocina, recorrió medio mundo, tradujo a Voltaire, Shakespeare y Quevedo, recibió el Premio Planeta Latinoamérica, el Premio Rey de España, la beca Guggenheim, plantó un limonero, tiene un hijo y ha publicado más de una veintena de libros que lo han encumbrado como uno de los grandes escritores latinoamericanos de nuestro tiempo. En Anagrama se ha publicado su novela A quien corresponda: «No solamente hace una crítica despiadada al poder eclesiástico que acompañó a la dictadura militar. Es, también, la crónica minuciosa de una venganza sin sentido, el relato de un fracaso: el de una generación que creyó en la Revolución y acabó derrotada en medio de tanta violencia derramada» (Diego Gándara, La Razón); «Una novela necesaria. Hace que el suelo tiemble un poco mientras la leemos. Y una vez cerrada, el suelo sigue temblando» (Juan Bonilla, El Mundo); y las crónicas de Una luna: «El mejor cronista actual de América Latina: un soberbio entrevistador, un viajero dotado de cultura enciclopédica y de una fina ironía» (Roberto Herrscher, La Vanguardia); y Contra el cambio: «Su prosa y su mirada son un reactivo fuerte para almas sensibles o amigas de lo políticamente correcto» (Leila Guerreiro, El País); «Convence tanto como seduce» (E. Paz Soldán, La Tercera, Chile); «Un perturbador sistemático, un sembrador de dudas» (F. Lazzarato, Il Manifesto).















