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¿Qué había detrás de la fachada imperial de la Inglaterra victoriana? Esteban Canales desarma los tópicos de esa era para revelar las tensiones que la hicieron crujir. Lejos de las frías estadísticas económicas y de los grandes discursos políticos de Gladstone o Disraeli, el autor nos baja al barro de la vida cotidiana.
Aquí el progreso tiene otra cara: el hacinamiento en las ciudades industriales, la dureza de la Ley de Pobres de 1834, el alcoholismo como vía de escape en las tabernas y un debate historiográfico clave: ¿la industrialización de verdad mejoró la vida de los trabajadores o los precarizó y debilitó físicamente? Canales rescata las voces de los perdedores del progreso, desde la resistencia de la aristocracia terrateniente hasta la larga lucha de un proletariado que pasó del cartismo al sindicalismo.
Una síntesis precisa que resalta las contradicciones de una sociedad donde el esplendor imperial coexistió con profundas fracturas internas, mostrando hasta qué punto la primera potencia mundial se levantó sobre contradicciones brutales.



