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Un fotógrafo de pueblo le da su archivo analógico con retratos familiares reunidos durante años a un programador perturbado para que alimente a una IA generativa. Las animaciones resultantes de este proceso, una serie de videos sexuales elaborados sin consentimiento, tendrán consecuencias de un alcance mayor que los evidentes dilemas morales implicados en la circulación clandestina de contenido falso. La concatenación de fuerzas tecnológicas y esotéricas desatadas por ese episodio alterará de manera definitiva la realidad, al hacer ingresar al mundo entidades extrañas hechas de una sustancia que los investigadores llamarán "materia hipersticional" y que recuerdan a los hrönir, réplicas o duplicados de objetos y seres perdidos descritos por Jorge Luis Borges en su cuento "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius".



