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Si la Unión Soviética hubiera sobrevivido, se parecería a Bielorrusia: un país donde la democracia y la globalización apenas han permeado y en el que siguen existiendo conglomerados estatales, bustos de Lenin y agentes del KGB.
En este libro Argemino Barro combina la crónica de viaje y el análisis para ofrecer un retrato directo de la autocracia bielorrusa. A través de múltiples entrevistas, recorridos por el campo y la capital, Minsk, explora cómo el régimen cultiva la nostalgia y el miedo para perpetuarse.
Una mirada precisa a los mecanismos cotidianos de la dictadura más duradera de Europa.





