Para envío
El gran interés de Pensamiento vivido, último texto de G. Lukács, reside en su condición de reflejo, post festum, del proceso de configuración, en una dialéctica de continuidad-discontinuidad («creo que en mi evolución no hay ningún elemento que no esté articulado orgánicamente»), tanto de su personalidad como de su pensamiento-obra: dos «complejos de complejos» heterogéneo-plurales, pero fuertemente cohesionados tanto internamente (por el afán ético de emancipación humana, en un caso, y por la aspiración a una ontología o filosofía universal, en el otro) como entre sí; «las cosas de mi vida están vinculadas muy estrechamente», dice Lukács a este respecto. El texto es, sobre todo, un retrato objetual, esto es, de las luchas culturales, ideológicas y políticas por las que transitó Lukács durante gran parte del siglo XX europeo, pero sin menoscabo para una vivacidad subjetual favorecida por el formato de entrevista. Su interés no es solo teórico, sino igualmente práctico, pues personalidad y pensamiento-obra de Lukács, en su riqueza y coherencia, se nos ofrecen como prototipos susceptibles de dar respuesta a esas necesidades humanas no extirpables, e indisolublemente entrelazadas, que son una vida individual plena y una realidad social libre de extrañamientos.



