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Es 1949, y el anciano Lloyd Wilkinson Petrie, uno de los últimos siete antiguos alumnos de la Temple Academy ?una escuela de chicos cerrada desde hace décadas?, se dispone a escribir unas memorias de sus años en aquella institución aristocrática. Concebida como un diario, su redacción entremezcla las constantes distracciones del presente con los vaivenes de una memoria cada vez más inestable, que aun así le permite evocar el sutil antisemitismo que marcaba la vida de la escuela y la fascinación que sentía por la herencia de su propia familia.
Entre recuerdos vacilantes emerge la figura de Ben-Zion Elefantin, un compañero de internado enigmático y solitario, que afirmaba descender de la isla egipcia de Elefantina y que confió a Petrie un asombroso testimonio sobre un linaje olvidado, desterrado de la historia oficial. Un relato que resonaba de manera inquietante con el legado del padre de Petrie: una colección de dudosas antigu¨edades traídas de un misterioso viaje a Egipto.
De este planteamiento surge una de las narraciones más singulares de Cynthia Ozick, en la que, con su voz distintiva, se entrelazan mito y manía, historia e ilusión. Una reflexión profunda y delicada sobre la soledad, la fragilidad del recuerdo y los laberintos de la memoria.
«Una escritora con una atracción innata por la paradoja y por las cuestiones morales inherentes a las relaciones entre riqueza y pobreza, mente y cuerpo, historia e imaginación.» ALI SMITH, The Guardian
«Una delicia. Quizá algunos habían olvidado el ingenio vivaz y descarado de esta autora, a sus más de noventa años. Antigu¨edades nos lo recuerda.» The New York Times
«Esta narración, breve en extensión pero inmensa en calado, es tan ingeniosa y profunda como cualquiera de sus obras.» The Wall Street Journal
«Antigu¨edades es la quintaesencia de Cynthia Ozick.» The Washington Post
«La Sra. Ozick se ha convertido en una gigante del mundo de las letras. Un ingenio mordaz y un deleite palpable por el lenguaje impregnan gran parte de su escritura.» The Wall Street Journal
«Libertad, volatilidad e irresponsabilidad, dones y mandatos de la imaginación: he aquí una descripción maravillosa de la propia escritura de Ozick.» The New York Review of Books






