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En El paraíso perdido, de Milton, el arcángel Miguel le revela a Adán la historia futura del hombre, pero a Eva le da un somnífero: no debe escucharlo por ser mujer. Mientras Adán conoce los secretos del porvenir, Eva está dormida. La Eva de nuestra novela también lo está en algunos momentos cruciales de su vida, pero la llamada de madrugada de Vito Anania, el único hombre al que en el pasado quiso como a un padre, la sorprende despierta: Vito está muy enfermo y le gustaría verla por última vez. Carabinero calabrés jubilado, Anania prestó servicio en los años sesenta en Tirol del Sur, la región del norte de Italia donde Eva creció, su paraíso perdido. Aquéllos fueron años sombríos, de tensiones y atentados, de una intensa confrontación entre las fuerzas del orden del Estado italiano y los habitantes de aquella provincia, lo que no impidió que naciera el amor entre aquel joven carabinero y la bella Gerda Huber, cocinera en un gran hotel alpino, hermana de un independentista y, sobre todo, madre de Eva, una madre soltera en un mundo que estigmatizaba esa condición. Son días de Pascua y Eva sólo encuentra un tr


