MEMORIAS DE UN FUSILADO ANARCOSINDICALISTA

APUNTES INCOMPLETOS DE LA VIDA DE MANUEL LOZANO GUILLÉN ESCRITOS EN LA CÁRCEL DE
Imagen de cubierta: MEMORIAS DE UN FUSILADO ANARCOSINDICALISTA
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Libro de la Distribuidora Traficantes de Sueños
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
184
Dimensiones: 210 cm × 145 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 
2016
Materia: 
ISBN: 
978-84-615-3085-4

Apuntes incompletos de la vida de Manuel Lozano Guillén escritos en la cárcel de las Capuchinas, Barbastro 1941

Edición a cargo de Germán Ferrer Marzola

Belver de Cinca (Huesca), 1904 / Zaragoza, 24-4-1945 (según otros, el 1 de mayo) fusilado. De familia campesina humilde, emigró muy joven a Cataluña y allí trabajó en distintos oficios, sobre todo de peón, y militó en CNT, lo que le acarreó problemas con la policía y tuvo que marchar a Francia en los años de Primo de Rivera. En el sur galo destacó por su honestidad y responsabilidad en actividades anarquistas, hasta su retorno a España poco antes de la proclamación de la Segunda República. Se asentó en Belver de jornalero, cultivó el huerto familiar, y contactó con los militantes anarquistas de Albalate (Félix Carrasquer) a cuya imitación creó una agrupación cultural. Fue primer secretario de la CNT belverina y desarrolló ímproba labor al lado de Valero, Sierra y otros; también miembro de la importante comarcal del Cinca, cuyo comité encabezó en sustitución de Félix Carrasquer. Activo en los movimientos insurreccionales de 1932 y 1933, fue perseguido. Adquiere gran prestigio tras el levantamiento fascista de julio de 1936: al frente del Comité Revolucionario y colectividades de Belver, delegado por la comarcal de Cinca al Pleno Regional aragonés de agosto de 1936, y coordinador (con Alberola y Val) en la asamblea de Albalate de 22 del mismo mes. Algo más tarde se enrola en la Columna Roja y Negra (127 brigada), de la que fue comisario (julio de 1937) y en la que permaneció toda la guerra (en Aragón, Levante y Extremadura). Detenido en la trampa de Alicante (1939), se le encerró en Albatera, Orihuela y Barbastro. Condenado a veinte años, purgó prisión en Huesca (en 1940 la gente de Ponzán fracasó en un intento de liberarlo), Santoña y Madrid, fue de nuevo juzgado y condenado a muerte. En sus últimos momentos recibió proposiciones de los vencedores para que aceptara un cargo sindical en el verticalismo, que rechazó.