Habitar la lucha

De la abolición de la familia a la forma-comuna
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PROGRAMA DEL CURSO

3 Mar - 19:00

Nuria Alabao, antropóloga y periodista, Zona de Estrategia

10 Mar - 19:00

Pendiente de confirmar

17 Mar - 19:00

M.E. O'Brien, escritora especializada en género y teoría comunista. 

24 Mar - 19:00

Kristin Ross, especialista en la Comuna de París y la construcción del espacio social

14 Apr - 19:00

Aline Castellanos Jurado, activista por la transformación social

21 Apr - 19:00

Sonia García, activista en el Puchero

Del martes 3 de marzo al 21 de abril de 2026

Pensar la abolición de la familia es una pregunta urgente sobre cómo se organiza hoy la reproducción de la vida y la lucha. La familia que nos acuerpa y protege aparece al mismo tiempo como una forma histórica que privatiza los cuidados, distribuye la precariedad y encierra la vida en unidades aisladas. Frente o junto a ese límite, se abre la posibilidad de lo común: no como un ideal abstracto, sino como una práctica que emerge en la lucha, en la necesidad compartida y en la experimentación colectiva de otras maneras de sostenernos.
La lucha no es entendida únicamente como confrontación o resistencia, sino como una forma de habitar la desobediencia, como un espacio de contrucción de un horizonte comun, de otro mundo posible. En los momentos en que la vida se desborda de los marcos que la contienen —huelgas, ocupaciones, disturbios, redes de apoyo mutuo— aparecen vínculos que no se basan en la sangre ni en la obligación, sino en la solidaridad y el cuidado compartido. En esos procesos, las subjetividades se transforman: cambian las formas de desear, de confiar, de imaginar el futuro. La política deja de ser una esfera separada y se vuelve una práctica encarnada, cotidiana, afectiva.
La comuna aparece entonces como un espacio donde el conflicto se organiza y la vida se pone en común. No es un lugar armónico ni estable, sino una forma social frágil y potente a la vez, que se construye mientras se cocina colectivamente, se cuidan los cuerpos, se comparten recursos y se sostienen las tensiones. Allí, la reproducción de la vida puede dejar de ser una tarea invisible y feminizada para convertirse en una responsabilidad colectiva, atravesada por decisiones, disputas y aprendizajes comunes.
Desde este lugar, la pregunta no es solo cómo criticar la familia, sino cómo construir procesos que apunten hacia otras formas de vivir juntas. ¿Cómo afrontar la vida sin volver al aislamiento del hogar privado? ¿Cómo compartir los cuidados sin reproducir jerarquías? ¿Cómo sostener lo común más allá de la emergencia? Abrir un espacio de encuentro, pensamiento y experimentación, donde imaginar y ensayar, aquí y ahora, horizontes de vida que no estén organizados por la escasez, la propiedad y la soledad, sino por el deseo de una vida compartida.

 

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