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El verano no siempre estuvo representado por insulsas fotos de pies en la playa o de tapitas y cervezas. Hubo (y habrá) quienes llegaron a los meses de calima para decir “Hasta aquí hemos llegado”. Alzarse -o sujetarse- en la algarabía colectiva, más propia de una foto de grupo de familia extensa o escogida. Bienvenido el verano cuando nos agita la sed más básica. 

Y con libros, no podía ser de otro modo.

SAL A LA CALLE...
Para aquellas que penséis en junio como el mes de los exámenes finales, en que acaba el curso y hay que tener plan para los críos…; o ese mes en que aún no huele a vacaciones, pero se vive un relajado periodo de vida social...: quisiéramos recordaros algunos apuntillos de la historia. En junio de 1844, por ejemplo, los tejedores de Silesia montaron una insurrección de las buenas, y también en junio, 1913, las sufragistas prendieron fuego a las tribunas del hipódromo de Hurts. Exactamente el mismo periodo en que, en 1942, la prensa arremetía contra los jóvenes Zazous que, de la mano del swing y el jazz afroamericano, combatían el fascismo de la Francia ocupada. De junio del 76 es, además, la revuelta del Soweto.

La revuelta, como siempre, sigue en los libros: con Ngugi WaThiong’o, podríamos apuntarnos a La revolución vertical. Conocer la realidad de vidas de mujeres, con la africana Mariama Ba, en Mi carta más larga, pero tqambién la situación de las mujeres jordanas y yemeníes con Intissar en el exilio. Viajar a la intensidad colombiana para probar La fruta del borrachero (Ingrid Rojas) de la desigualdad y la violencia. Acompañar a los vendedores ambulantes en su paseo a “la moneda” con Sumar de Diamela Eltit. Descubrir las heridas mal cerradas de otras transiciones, como la chilena, en El sistema del tacto de Alejandra Costamagna. Abrir la caja de Pandora de la autodestrucción (tan burguesa) con la Iluminada de Mary Karr, o Lagunas, el relato autobiográfico del alcoholismo de Sarah Hepola. O, mucho mejor, tomar la herramienta y cavar La zanja con Platonov

LEVANTA LA PIEDRA...
Julio es diferente. Ya huele a inminencia del fin del mundo: por fin se puede posponer parte de nuestras obligaciones o anhelar, esperanzados, al mes siguiente. Hace tanto calor...

Pues he aquí una ristra de independencias (así, a bulto) que tuvieron muy ocupadas a las gentes de Libia, Perú, Bahamas, Argentina, EE.UU., Burundi, Ruanda, Venezuela, las Islas Salomón y Sudán del Sur, y sucedieron en julio.
En julio se tomó la Bastilla (1789), se prendió fuego a la fábrica de Bonaplata y a algún que otro convento (1838); del 20-30 de julio tuvo lugar la "Semana Trágica" de Barcelona (1909), en julio comenzó también la Revolución Sandinista (1979).

Toda acción colectiva requiere empatía. Salir desde la pena hacia el alzamiento, por ejemplo, en los Cuerpos malditos de Lucía Baskaran. Buscar venganza por todas las agresiones, junto a Célanire Cuellocortado de la guadalupeña Maryse Condé, pero también rastrear en las circunstancias familiares y de vida de esta autora felizmente recuperada, en Corazón que ríe, corazón que llora. Mirar frente a frente a la violación, a partir del estupendo Creedme. Sumergirnos en la institución de maternidad y los poderes que la controlan, con Nacemos de mujer de Adrienne Rich. Bucear en la depresión y la enfermedad mental con Desmesura (recién reeditado). Maravillarnos con la capacidad de resistencia de los que han crecido en “el patio de recreo del mundo”, en Hijos de las Vegas. Conocer los conflictos de identidad sexual y de género en La mentira y cómo nos la contamos, o en la novela que narra el amor apasionado entre Marcel Moore y Claude Cahun, Nadie más que tú. Pero también celebrar la rebeldía y la disidencia, con la colección poética Insumisas, o aplaudir experiencias de acción colectiva y apoyo mutuo en Afrotopía.
 

PRENDE LA MECHA...
En agosto sí que se para todo… ¿O no? Se para poco, o nada, para quienes trabajan en servicios, con su temporalidad y precariedad; o para el ejército invisible de cuidadores y cuidadoras en las familias, tampoco para aquellos que no cuentan con la posibilidad del descanso. Pero funciona el cuento de que en agosto “paramos” y la ficción de que se detiene toda producción. Las revueltas, en cambio, siempre han sido.

En agosto de 1873, una tal Louise Michel fue deportada a Nueva Caledonia, donde conoció a los Kanakas, en cuya revuelta participa años después. En agosto se independizaron Bolivia, Ucrania y Uruguay y fue en agosto de 1913 cuando una huelga iniciada por los conductores de tranvía desembocó en la Gran Huelga de Dublín o el llamado Cierre Patronal. En agosto de 1920 las fuerzas armadas ocuparon las instalaciones de la Alfa Romeo en Milán, en respuesta a la huelga de sus trabajadores, y esa misma tarde ¡trescientas! fábricas quedaban ya en manos de los obreros. Hubo quienes se aventuraron a sacar el primer número de su semanario en agosto, a saber, "Regeneración": el principal instrumento político y social del denominado "magonismo". Un 21 de agosto de 1945, a las 06:00 a.m. según las crónicas, ya se habían desayunado y puesto en pie más de 300.000 personas que, congregadas en el Boulevar Norodom de Saigón, exigían la independencia de Vietnam. El 9 de agosto de 1956, miles de mujeres se dirigieron hacia Pretoria en la Gran Marcha de las Mujeres.

Y toda acción colectiva requiere memoria. Memorias de un revolucionario, la autobiografía del gran Victor Serge que recorre las primeras décadas del siglo XX. Conocer bien al enemigo es fundamental, para que no avance la Epidemia ultra. Profundizar en La política cultural de las emociones que, según Sara Ahmed, fundamenta los discursos de odio. Aplicar bisturí a los discursos de la incorrección política, con Ofendiditos, de Lucía Lijtmaer. Hundirnos en el “reencuentro” después del paso del nazismo por Europa, desde El ángel del olvido. Con un simple paseo urbano, La ciudad infinita convoca memoria, resistencia, rebeldía de los barrios. Y que no todo se convierta en Air B’n’B, mientras podamos reivindicar el significado de Barrionalismo. También es memoria, de las tierras y pueblos, La tierra desnuda de Rafael Navarro. Cómo el campo, finalmente, pudo ser otra cosa, lo aprendemos con Cataluña: avatares de una colectivización

¿Leer o revolvernos?... «Hasta aquí hemos llegado» o «Esto no se acaba aquí». Dos versiones, una invitación y una apuesta, un adiós con regreso. Ni los libros viven en el vacío ni las revueltas surgen en la nada.

¡Leed, malditos!

 


¡Y escribidnos!

¿Conocéis más agitaciones, huelgas, revoluciones que tuvieron lugar en verano? ¡Es tiempo de postales! 

Volvemos a convocaros para que nos enviéis esa postal creativa u hortera. En ella nos tenéis que compartir una efeméride colectiva, acaecida durante la temporada de verano: valen alzamientos, insurrecciones, revoluciones, acciones, ataques, huelgas, okupaciones, encuentros fortuitos en mayor o menor grado que hiciesen saltar todo por los aires; todo lo que apunte a acciones grupales (no nos valen, pues, fechas de nacimientos y muertes de personajes y heroínas, por muy relevantes que hayan sido para los cambios acaecidos).

A la atención simpática y siempre revoltosa de las libreras:

Librería Traficantes de Sueños
c/ Duque de Alba 13
28012 Madrid