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portada subversión feminista de la economía

Reproducimos la entrevista publicada en economiacritica.net a partir de la realizada por Juanjo Basterra para Gara con motivo de la presentación en Basauri de la mano de REAS Euskadi de "Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate en torno al conflicto capital-vida".

 

¿Quieren las mujeres gobernar el cambio sí o sí como argumenta en el libro?

El cambio va a ser sí o sí. La pregunta está en si queremos gobernar el cambio, para que no nos lleve al desastre, que no gobernemos con criterios de libre mercado, sino con otro tipo de criterios éticos y políticos. Este libro hace un aporte desde el feminismo, desde una confluencia de miradas críticas que nos ayuden a pensar hacia qué mundo queremos transitar. Necesitamos pensar en colectivo desde diferentes miradas.

 

¿Cuáles son los puntos esenciales de esas miradas?

El punto de partida es tener en el centro del análisis y en la apuesta política la sostenibilidad de la vida. Tenemos una mirada colonizada por el mercado capitalista que esto nos atraviesa mucho más allá de lo que queremos pensar. Tenemos que poner en el centro los procesos de sostenibilidad de la vida, abriendo la pregunta de qué vida estamos hablando. ¿Qué entendemos por una vida para ser vivida, sostenida y rescatada en tiempo de crisis?

 

¿Qué vida plantea?

Una cuestión que vemos clara es una tensión irresoluble y profunda entre los procesos de acumulación de capital y los que sostienen la vida. Vivimos en un mundo, en un sistema socioeconómico que ataca de manera sistemática la vida. ¡No toda las vidas! Porque hay algunas que salen privilegiadas, no las del conjunto. Es un sistema biocida. En este marco, la responsabilidad social de sostener la vida está metida en las casas, en manos de las mujeres, asociada a una construcción perversa de la feminidad. Tiene que ver con la inmolación, el sacrificio y la invisibilidad.

Los sujetos invisibles para el sistema están colaborando para que el sistema se perpetúe, aunque de una manera no deseada. Relacionado con la desigualdad de mujeres y hombres, está presente el heteropatriarcado, donde esa sujeción de las mujeres y de lo feminizado es imprescindible para que se mantenga a flote, porque el sistema capitalista es racista, colonialista y heteriopatriarcal en sí mismo, sin duda alguna.

 

¿Hay que acabar con él?

Así es. O hay una transformación de las relaciones de desigualdad de género, o no hay una transformación real del sistema posible.

 

¿Cómo se da ese paso?

Este debate de cómo queremos vivir no hay que construirlo, sino que se da de forma oculta. Cuando deciden que va una partida presupuestaria a sanidad o rescatar el banco, ahí está el debate. Se oculta bajo términos técnicos, porque se ve desde una vida superindividualizada. Deben ser debates colectivos. Hay que visibilizar y democratizar la actividad, y los malestares cotidianos ponerlos en lo común y lo público. Nuestras vidas van a cambiar con la crisis ecológica. Lo mismo ocurre con la crisis de los cuidados. Las mujeres han movido ficha. Hay que avanzar a otra manera de vivir en conjunto.

 

¿A qué se refiere?

Algunas compañeras explican esto con la idea de desprivatizar el fracaso de que no consigues lo que quieres para vivir. Hay que atreverse a hablar. Vivimos una etapa de tránsito porque este sistema capitalista está herido de muerte, pero no significa que en 20 años vaya a caer el capitalismo. Hay que pensar en horizontes temporales más amplios. Cada vez más tenemos un pensamiento de mosquito, cortoplacista. En los últimos siete años se han cuestionando las estructuras económicas, antes no fue así.

 

¿Se refiere a responder?

Sí, sería una mínima respuesta que necesitamos a la luz de las perversidades del sistema, No estamos siendo muy conscientes de dónde se juntan el sistema capitalista y heteropatriarcal. Tampoco lo somos, del papel que juegan en este caso en sostener el sistema, y establecer la posición que cada quien ocupa en el sistema. Desde ese análisis no es lo mismo tíos y tías, y de distintas mujeres. El pasito es ir insistiendo en eso y en establecer los nexos que se producen.

 

¿Si las mujeres dan ese salto se rompe el sistema capitalista?

Creo que hay una potencia brutal en politizar los malestares cotidianos de un montón de mujeres, que están asumiendo la responsabilidad de la vida en un sistema que las ataca. También cuestiona el papel de los compañeros de alrededor y de las mujeres. El enemigo no está solo fuera, sino que tenemos que cambiar la posición de cada quien, y mucha gente perderá una serie de privilegios. Eso no es tan fácil desarrollar.

 

Es cierto que si se contabilizara en PIB todo el trabajo que realizan las mujeres sería diferente.

María Ángeles Durán, del CSIC, calculó el tiempo dedicado en puestos de trabajo. En alimentación de la familia, si se contabilizase así, permitiría crear cinco millones de puestos; en el cuidado de menores, once millones de empleos; y otros siete millones de puestos más por el tiempo dedicado a limpieza.

 

¡Acabamos con el paro!

Necesitas otro país y medio. Si lo piensas en esos términos hay una cantidad brutal de economía, que hay fuera de esos mercados que nos obligan a ir en una sola dirección.

 

Los expertos nos dicen que en unos años el 5% de la población producirá lo que ahora hace el 40% en todo el planeta. ¿Qué le parece?

La reducción de jornada laboral es necesaria, no por convencer a las empresas que se puede producir lo mismo repartiendo el curro de otra manera, sino que no puede ser que las vidas dependan de las empresas, sino que las empresas dependen de nuestras vidas. Sin vida, no hay empresas. Desde ese punto de vista vamos a negociar condiciones. Porque el trabajo asalariado que haces no es por el beneficio social que genera, sino porque necesitas salario para vivir. En el marco de ser esclava del salario, el trabajo asalariado tiene que desaparecer. No quiere decir que desaparezca el trabajo remunerado. Tiene que desaparecer la contracara del trabajo feminizado e invisibilizado. Por ahí avanzará el futuro.