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TUBAU, DANIEL

Daniel Tubau nació bajo el signo del centauro Quirón, maestro y educador de tantos héroes griegos, aunque él no lo considera una premonición de su futuro como filósofo y ensayista porque le gusta considerarse responsable, tal vez no de su destino, pero sí de sus pasiones. En la adolescencia sus simpatías se inclinaban hacia el dios de los mentirosos, Hermes, y tal vez esa es la razón por la que escribió El arte del engaño, acerca del estratega chino Sunzi. También admiraba al gran inventor Dédalo y a uno de los discípulos de Quirón, el médico Asklepio, admiración que anunciaba un temperamento atraído por la observación y el experimento, como demuestra su libro No tan elemental, dedicado al detective Sherlock Holmes. Esta fascinación por la ciencia y por la imaginación (si es que no se trata de la misma cosa) hizo que en Recuerdos de la era analógica imaginara a unos antólogos del futuro que rastrearán nuestro presente. La diosa de la sabiduría, Atenea, acompaña en su forma de lechuza a Daniel en todos sus viajes literarios, como cuando en Nada es lo que es recorrió el mundo en busca de la identidad. Debemos atribuir a Afrodita que escribiera su Elogio de la infidelidad, en el que defiende la libertad emocional, amorosa y sexual. Las musas del monte Helicón son probablemente quienes le guiaron en sus libros de narrativa audiovisual: Las paradojas del guionista, El guión del siglo 21 y El espectador es el protagonista. A cambio de su inspiración, él les ha dedicado Una cita con las musas.<BR>Y, sin duda, todos los dioses le han acompañado en su último viaje tras las huellas de la misteriosa mujer que lanzó mil naves al mar. El resultado de sus aventuras junto a la mujer más hermosa del mundo es Maldita Helena»