UNA DERROTA PREVISTA

EL ESPIONAJE MILITAR REPUBLICANO EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, 1936-1939
Imagen de cubierta: UNA DERROTA PREVISTA
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Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
256
Dimensiones: 240 cm × 170 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 
2015
Materia: 
ISBN: 
978-84-9836-928-1

Hernán Rodríguez es un historiador «rompedor», un ejemplo de lo que hoy se hace de mejor en la universidad española en materia de desbrozamiento e investigación de dimensiones de la guerra civil todavía poco iluminadas o incluso ocultas.
Durante mucho tiempo la historia militar de la guerra civil ha estado profundamente influida por los trabajos de un grupito de militares franquistas entroncados con el Servicio Histórico Militar. En los años sesenta, cuando el régimen de Franco empezaba lentamente a abrir unas fronteras físicas, intelectuales y culturales hasta entonces cerradas a cal y canto, tales historiadores acometieron la tarea de «modernizar» el canon establecido tras la VICTORIA.
Se parapetaron en el análisis, casi nunca desprejuzgado, de masas de documentos de archivos a los que solo ellos tuvieron acceso. Y también en sustracciones de aquéllos que podían echar por debajo sus tesis. Tales esfuerzos, tan pronto como se indaga en lo que ocurrió «detrás de los hechos», están revelándose vanos.
Varias decenas de historiadores, militares, civiles, universitarios, docentes, llevan tiempo remachando los clavos en el ataud de los mitos franquistas.
Quedaban, quedan, dimensiones poco tratadas. El autor de esta obra tiene el mérito crucial de haber abordado una de ellas. Al hacerlo, no solo la ha aflorado en la literatura. También ha recuperado de las oscuridades del pasado algunas de las figuras que hasta ahora apenas si habían aparecido en la extensa, a decir verdad casi inconmensurable, bibliografía sobre la guerra civil.
La dimensión ha sido la de la actividad del Servicio Militar de Inteligencia republicano. La figura, la de su director, el coronel Manuel Estrada Manchón.
Respecto a la primera cabe decir que, como suele ocurrir en temas relacionados con la guerra civil, la investigación académica hoy no parte de cero. Historias de los espías (civiles, militares, aficionados, organizados) han despertado desde siempre el interés de ciertos autores. Existe una prolija literatura de mayores o menores ambiciones, de calado muy diverso, que ha tratado de iluminar el tema. En general, dejando de lado los temas «duros».
Hernán ha tenido el mérito de abordar uno de esos temas «duros». Se ha servido para ello de las masas documentales que conservó el coronel Estrada y que a finales del siglo pasado fueron repatriadas a España. Que yo sepa, es el primer investigador que las ha explorado sistemáticamente.
Ahora bien, Hernán no ha construido una «historia de espías». Como historiador de raza que es lo que se ha propuesto es atacar el núcleo de toda investigación que se precie relacionada con materias de inteligencia. Esclarecer las relaciones entre la información, más o menos procesada, y las decisiones en los ámbitos táctico y estratégico. Es decir, en iluminar la aportación de los servicios de información, en este caso militares, al proceso decisional en torno al cual la guerra fue conducida desde el punto de vista republicano.
El autor lo ha hecho según las reglas del arte. Ha iluminado en primer lugar la esclerotizada situación de los servicios de inteligencia militar en el período anterior a la guerra civil. Estaban centrados esencialmente en Marruecos y, sobre todo, en el «enemigo interior». Dada esta situación no sorprende que cuando estallaron las hostilidades, la preocupación por obtener información fiable y contrastada sobre las intenciones y movimientos del adversario no figurase en la cúspide de los problemas que trataron, con mayor o peor fortuna, de abordar los militares leales.
Casi desde el primer momento el entonces comandante Estrada se vio confrontado con la necesidad de crear algo similar a un servicio de información. Le costó casi un año. Tuvo que luchar con la rutina, la cortedad de ambición burocrática, la carencia de medios, la pobreza de los apoyos organizativos y políticos y la falta de recursos humanos cualificados, entre muchos otros obstáculos.
En tal carrera los hubo numerosos. Incluso cuando ya había empezado a obtener resultados interesantes. Ni Largo Caballero, ministro de la Guerra, ni Prieto, su sucesor como ministro de Defensa Nacional, le prestaron la suficiente atención. Más sorprendente fue que tampoco lo hiciera Vicente Rojo, antes y después de convertirse en jefe del Estado Mayor Central.
Estrada, socialista de pro, se vio impelido a convertirse en comunista, convencido de que eran los comunistas quienes más se preocupaban por intensificar la disciplina y contribuir de manera decisiva al esfuerzo bélico de la República. Con lo cual probablemente se ganó la inquina de Prieto, en su particular «cruzada» en contra de la influencia comunista en un Ejército que aspiraba a convertir en una máquina «despolitizada».
Lo más interesante del libro que el lector tiene ahora en sus manos es el análisis de los inputs informativos al proceso decisional. Hernán llega a la conclusión que, a partir de la segunda mitad de 1937, no fueron tan malos como suele creerse. Pero que la fase crítica de la explotación táctica y estratégica de los mismos no solo no estuvo exenta de dificultades sino que estas fueron tan dominantes que el Ejército Popular no llegó, por lo general, a incorporarlos debidamente a sus planteamientos operativos.
No falló pues tanto la información como su aprovechamiento. Una constatación que se encuentra en numerosos otros ejemplos, españoles y extranjeros, tanto en historia militar como en historia política o de la política exterior.
Brunete, Belchite, Teruel, Aragón, Extremadura, el Ebro, Cataluña fueron los momentos cruciales en los que la interacción información-decisión se vio en mayor o menor medida entrecortada. La responsabilidad no ha de encontrarse tanto en Estrada y sus servicios cuanto en los «consumidores» de sus «productos».
En una prosa ágil, brillante, el autor se apoya en tal interacción para desgranar reflexiones sobre la estrategia militar republicana, sus logros y sus fallos, y a la par aclara hasta qué punto se vio permeabilizada por un planteamiento elásticamente defensivo. En ningún momento aparece en esta historia la idea, tan del gusto de los historiadores militares franquistas y de algún que otro historiador anglosajón contemporáneo, de que los soviéticos manipularon a su gusto y agrado la información militar o las decisiones republicanas. Como era lógico, una y otras fueron de cosecha propia, interna.
Por otro trabajo de Hernán Rodríguez sabemos algo más sobre el coronel Estrada. Como republicano irreductible, español hasta la médula, no tuvo el menor reparo en abandonar la militancia comunista tras el pacto Molotov-Ribbentrop en agosto de 1939. Emigró como tantos otros a México, donde poco a poco fue escalando honores y reconocimiento hasta que falleció súbitamente en junio de 1980.
En definitiva, un libro que se lee como una novela. Muy lejos de la tesis doctoral que le sirvió de apoyatura y que en su momento conocí gracias a la amabilidad del autor. Un libro que constituye una aportación auténtica al esclarecimiento de dimensiones, acciones e interacciones básicas de la guerra civil, algo que ya no es fácil de alcanzar en estos momentos. Un libro que ejemplifica cómo el descubrimiento de nueva evidencia primaria relevante de época, su contextualización adecuada y la identificación de las preguntas pertinentes con las que interrogar los documentos lleva a conclusiones que suponen un enriquecimiento auténtico de la bibliografía y de nuestro conocimiento.
Mi felicitación al autor y a la editorial Comares, en cuyo catálogo figuran libros muy importantes sobre la guerra civil y la postguerra, por poner los resultados de esta investigación sobre el servicio militar de inteligencia republicano al alcance del gran público.