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ESCRIBIR
UN ANATOLOGIA

THOREAU, HENRY DAVID

ISBN: 
978-84-8191-848-9
Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
108
Dimensiones:
130x190
Fecha edición:01/01/2008
descripcion alternativa Versión para impresión
Agotado
10,00€
Por lo general, no recordamos que, al fin y al cabo, siempre es la primera persona la que habla. No hablaría tanto de mí mismo si hubiera otra persona a quien conociera tan bien. Por desgracia, estoy limitado a este asunto por la pobreza de mi experiencia. Además, por mi parte, exijo de todo escritor, antes o después, un relato sencillo y sincero de su propia vida, y no sólo lo que ha oído de las vidas de otros hombres; un relato como el que enviaría a sus parientes desde una tierra lejana, porque si ha vivido sinceramente, tiene que haber sido en una tierra lejana para mí. H. D. Thoreau.
El Diario de Thoreau era la materia prima de la que extraería sus textos acabados, pero es probable que a su autor le satisficiera especialmente esa huella reciente, o arte en bruto, de la que hemos extraído en su mayor parte, como si fueran gemas, los fragmentos que componen la antología de Escribir. Éstos son, literal y figuradamente, los reflejos de un esfuerzo permanente por registrar los ?momentos sinceros? de su vida y su pensamiento, y forman, por así decirlo, un yacimiento de lo más precioso de cuanto Thoreau quiso decir: algo capaz de despertar en el lector la conciencia de lo que significa ser una criatura adyacente a la naturaleza y la lengua.

El maestro y amigo de David Henry Thoreau (Concord, Massachusetts, 1817-1862), Ralph Waldo Emerson, dijo que los libros están por escribir y que la naturaleza está por describir. Seguramente a Thoreau ??maestro de escuela, tutor privado, agrimensor, jardinero, granjero, pintor (de casas), carpintero, albañil, jornalero, fabricante de lápices y de papel de lija, escritor y, a veces, poetastro?? que fue alumno de la Universidad de Harvard, donde Emerson pronunció su conferencia sobre ?The American Scholar? (El escolar americano), no le hizo falta oír esa provocación para llevar a cabo su obra, en cuyos títulos (A Week on the Concord and Merrimack Rivers, 1849, Walden, 1854, The Maine Woods, 1864, Cape Cod, 1865) salta a la vista el protagonismo de la naturaleza y en cuyas páginas el arte de escribir ocupa la posición privilegiada que fue adquiriendo en su Diario (1837-1861). El Diario de Thoreau era la materia prima de la que extraería sus textos acabados, pero es probable que a su autor le satisficiera especialmente esa huella reciente, o arte en bruto, de la que hemos extraído en su mayor parte, como si fueran gemas, los fragmentos que componen la antología de Escribir. Éstos son, literal y figuradamente, los reflejos de un esfuerzo permanente por registrar los ?momentos sinceros? de su vida y su pensamiento, y forman, por así decirlo, un yacimiento de lo más precioso de cuanto Thoreau quiso decir: algo capaz de despertar en el lector la conciencia de lo que significa ser una criatura adyacente a la naturaleza y la lengua.
Antonio Casado da Rocha ha traducido varios ensayos de Thoreau y es autor de La desobediencia civil a partir de Thoreau (Gakoa, 2002) y la biografía Thoreau (Acuarela, 2005). Pueden consultarse sus datos biobibliográficos en la página web . Javier Alcoriza y Antonio Lastra son doctores en Filosofía y codirectores de La Torre del Virrey. Revista de Estudios Culturales. Han editado y traducido conjuntamente Walden (Cátedra, 2005), de Henry David Thoreau, y La conducta de la vida (Pre-Textos, 2004), Naturaleza y otros escritos de juventud (Biblioteca Nueva, 2008) y Hombres representativos (Cátedra, 2008) de Ralph Waldo Emerson.

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THOREAU, HENRY DAVID

Henry David Thoreau (Massachusetts, 1817-1862) fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices, además de ensayista y uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense. Disidente nato, tan completamente convencido de la bondad de la naturaleza como para proclamar un «pensamiento salvaje», se le considera también un pionero de la ecología y de la ética ambientalista. Sin embargo, su auténtico empleo fue, según se ocupó de recordar, «inspector de ventiscas y diluvios».

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