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Desde que en enero Traficantes de Sueños publicó El kit de la lucha en Internet he sido invitada a participar en muchas presentaciones y conversaciones en torno al Kit. En estas líneas me propongo ofrecer unos brochazos (con pocas sutilezas) de lo que, en mi “vuelta kitista a España”, me han parecido tendencias recurrentes. Publicado originalmente en Diagonal

 

El 15M está vivo. No ha habido conferencia, charla o conversación en la que, de manera natural y relacionada con el Kit, no haya salido el asunto 15M formulado en presente. Hay muchas maneras de que algo esté vivo. Puede estarlo con la frescura del nacimiento, con las turbulencias de la juventud o con la lentitud de la vejez. Incluso cuando algo (alguien) muere, puede seguir viviendo en el corazón y en la memoria, y puede estar activando procesos y guiando caminos (como sigue ocurriendo, por ejemplo, con los desaparecidos en Argentina, siempre presentes). Aceptando estas variaciones, os aseguro que el 15M está muy vivo. Y esto no es natural, así que se trata de un logro.

Sabemos que no es natural que un acontecimiento permanezca. ¿Cuánto tiempo vivió el acontecimiento 11M (2004, atentados de Atocha)? ¿Cuánto la V de Vivienda (2006), a pesar de que la carestía de la vivienda seguía siendo sangrante? A los dos años de su despertar, el clima 15M sigue siendo un disparador (“un paraguas”, dice la gente) disponible y operativo bajo el que se multiplica y se organiza lo concreto, sin importar si eso concreto tiene relación explícita u orgánica con el 15M o no.
No hacía falta, pues, que el 15M tuviera un programa. Así, por no tenerlo, puede tenerlos todos.

Las posiciones cambian

Donde antes alguien te decía “yo soy ecologista” o “yo soy okupa”, ahora te dicen “yo soy profesor de electrónica” o “yo soy ginecóloga”. Es decir, la gente habla de su profesión, no de su militancia o de su activismo. Por tanto el activismo, concebido como una actividad especialista o experta, ahora no es necesariamente la posición preferente para luchar por el cambio social.

Ya supimos de esto el 11M (2004, atentados de Atocha) cuando nos dimos cuenta del papel que desempeñaron los grupos informales de amigos, vecinas, compañeros de trabajo y, en definitiva, de gente que no se proponía cambiar el mundo, pero que cambió la realidad. Vimos entonces que, ante el horror, la gente se activó haciendo lo que mejor sabía: taxistas que hicieron de taxistas, psicólogas de psicólogas, fotógrafos de fotógrafos, doctoras de doctoras, cineastas de cineastas...

Cuando la acción política está debiendo hacerse cargo de los asuntos de la vida, seguimos viendo cómo esta acción no tiene por qué ser especializada o separada de lo cotidiano y se convierte en una actitud transversal que atraviesa todo y que puede desempeñarse desde cualquier posición.

“Más” significa “diferente”

En una ciudad pequeña me explicaron que antes a una manifestación “grande” acudían 1.500 personas. Ahora, después del 15M, cuando acuden 5.000 dicen que ha sido “pequeña”, porque a una “grande” acuden 8.000. Es decir, la presencia en la calle se ha multiplicado ¡por cinco!

¿Qué dispositivos de acogida se han puesto en marcha para integrar la participación y la implicación de esas pequeñas nuevas mayorías? No basta con decir “No nos mires, únete”, ya que los dispositivos a los que se invita a unirse fueron diseñados en otras circunstancias. Esos dispositivos quizás no estén escalando (creciendo, aumentando de escala) bien; quizás, al crecer desmesuradamente, se estén deformando. Por ejemplo, Coop57 (créditos autogestionados y solidarios para la economía social) ha multiplicado por cien el número de personas que ingresan sus ahorros. Sin embargo, como el número de entidades de la economía social que piden créditos no ha crecido en la misma proporción, las cuentas se han desequilibrado, creando nuevos problemas.

Esto significa que no basta con decir “ya tenemos un mercado social”, “ya tenemos un modelo asambleario”, “ya tenemos esto y lo otro”, “ahora solo hay que conseguir que la gente entre”. Hay que rediseñar para las nuevas circunstancias, con agilidad y sobre la marcha, aunque ello implique desechar algo de lo ya hecho y arriesgarse con dispositivos inacabados.

El vacío llena

Mucha gente me ha explicado que ahora su propósito es unir, conectar, relacionar lo que tiene alrededor, pero que “no se habla entre sí”. Las redes distribuidas nos enseñan que, para conectar reconociendo inteligencia y autonomía en los nodos, hay que vaciar el centro. Es decir, conectas más y mejor entre sí lo que te rodea cuanto más vacías el centro (incluso si el centro es tu posición). Por eso estos proyectos deciden deliberadamente vaciarse, tener menos discurso, o un discurso menos explícito, o mostrarse públicamente menos definidos, o usar palabras de perfil bajo...

Ni izquierdas ni derechas, y no da todo igual

Hay gente conservadora que también se está movilizando. Una persona me explicó: “En mi familia unos somos de izquierdas y otros de derechas. Antes no hablábamos de política, porque era la guerra. Ahora seguimos sin hablar de política, pero hablamos de la sanidad, de los recortes... Algo ha cambiado”.

También me han explicado que en algunas PAH (Plataformas de Afectados por la Hipoteca) participan personas de ideología conservadora. Otras personas me han dicho que el 15M es transpolítico... Me parece que el 15M está combinando una capa de ambigüedad, de indeterminación por arriba (esto no es ni de izquierdas ni de derechas) con una capa de máxima desambiguación por abajo (no a los desahucios, no a la exclusión sanitaria..., porque no da todo igual).

El 15M no es una moda juvenil

Para mi sorpresa, el Kit es muy bien comprendido por personas mayores. Cae el mito de que esto de Internet es para gente joven. He visto que la gente joven es mucho más diestra, pero también más impulsiva y menos reflexiva. En cambio la gente de más edad, quizás por tener una comprensión más panorámica de la evolución de las nuevas tecnologías, dispone de más narraciones, metáforas, imágenes, conceptos... Posiblemente, para evitar que la oleada de nuevas tecnologías se los lleve por delante, la gente mayor está muy abierta y activa en las reflexiones prácticas sobre su propio kit.

Después de una charla, una mujer mayor dijo: “Cuando yo era pequeña nos decían que no bajásemos a la calle porque era un sitio peligroso para las niñas, pero a mí me gustaba jugar en la calle. Era divertido. Después de escucharte comprendo que la calle de ahora es Internet”. ¿No es eso una bella e interesante metáfora propia? Los mayores se están movilizando, y mucho. Ya sabemos que el 15M no es una movida juvenil. Sin embargo, estaría bien establecer mejores alianzas intergeneracionales, demasiado escasas, por lo que voy viendo.

El software libre no está olvidado

También me ha sorprendido que mucha gente está metiendo el software libre en su kit y en su ordenador. Al terminar las charlas, han venido a explicarme cómo lo están implantando en tal colegio o cómo en casa la familia lo usa porque alguien lo instaló. Una chica me dijo: “Yo antes programaba en C++. Después de escucharte me doy cuenta de que estaría bien que siguiera programando. ¿Adónde puedo acudir?”. No tuve una respuesta clara, ya que los grupos de usuarios y los hacklabs están estancados y no proliferan modelos de referencia replicables que permitan renovar este estancamiento. La renovación podría venir replicando el modelo de los grupos de autoconsumo (todos los martes me voy a por mi cesta de conocimientos libres), aunque para ello habría que superar las barreras simbólicas entre expertos y no expertos, todavía demasiado elevadas.

Aunque mucha gente está alimentando su ordenador con software libre, ni en las mareas ni en las plazas veo que la crítica al injustificable gasto económico de la administración en licencias de software privativo, existiendo alternativas libres, esté presente (y podría ser un tema en la calle justo ahora que supuestamente todas las decisiones públicas se toman en clave económica). Dicho de otra manera, aumentar la masa de usuarios no significa que automáticamente el uso del software libre se convierta en un movimiento social. Pero hay ganas de software libre, así que este debería estar a pie de calle. De ahí mi empeño en experimentar qué puede dar de sí algo como @softwarealpeso.

La historia reciente no se conoce

Poco o nada se sabe de la guerrilla de la comunicación del EZLN (global, 1996) ni de los escraches (Argentina, 1997), ni de los Reclaim the Streets (Madrid, 1998), ni del hundimiento de las punto com (global, 2000), ni de las redes ciudadanas wireless (España, 2001), ni de la conceptualización mercantil de la web 2.0 (global, 2004)... Pareciera que todo comenzó con Twitter.

No seré yo quien menosprecie la capacidad que tienen las redes sociales para redistribuir el poder. Pero el desconocimiento de lo básico deja visibles solamente los efectos de superficie, la punta del iceberg. Es lo que me parece observar cuando oigo decir que “sin Twitter el 15M no hubiera sido posible”, poniendo todo el peso en la marca Twitter cuando en realidad lo que ha habido es una reapropiación masiva, autónoma e inteligente que ha reorientado Twitter hacia la autoconvocatoria y el escrache continuos, sin que ello impida los usos previos y previstos de esta red social (explicar cualquier cosa de tu vida).

Las redes sociales son un efecto de superficie. Así como el césped oculta la tierra que lo nutre y sustenta, de igual manera Twitter o Facebook, con sus monopolios, ocultan los sustratos sobre los que se asientan y que no son un recurso natural, sino el resultado productivo de una utopía hacker (muy desconocida) que construyó y sigue luchando por construir una red distribuida, abierta y flexible.
La ignorancia de la historia reciente no es buena, porque no reconoce ni atribuye méritos a los procesos que se lo merecen y porque, en consecuencia, otorga valor a lo que no lo tiene tanto (Twitter) e ignora el valor de lo que sí lo tiene (la capacidad de cooperación social, con o sin Twitter).

No obstante, cuando hablo del pasado reciente noto que la memoria se activa, sobre todo entre las personas menos jóvenes, y que la gente agradece esta transmisión de la historia viva porque aporta consistencia y seguridad a los procesos actuales.

Calle y papeleo

Sin desmerecer otras luchas, las PAH tienen algo especial. Un chico me habló de su PAH en términos bastante críticos. Cuando le pregunté por qué, a pesar de todo lo que me explicaba, seguía yendo, me dijo que era la única manera que tenía de entrar en relación con gente con la que, si no era en la PAH, nunca podría encontrarse.

Las PAH son un dispositivo abierto multicapa y multicanal, y eso les otrorga mucha potencia. Están en la calle parando un desahucio, y también en los pasillos de los bancos, con papeleo o negociaciones, y también recogiendo firmas para dar la batalla por arriba, en lo general... Como se decía antes, van de lo macro a lo micro, y viceversa.

La radicalidad de las PAH no la encuentro tanto en las alternativas que puedan proponer (dación en pago, etc.), sino más bien en la socialización que consiguen cuando a un hipotecado le dicen: tu problema no es sólo tu problema, es una cuestión social y es por eso por lo que hemos montado una red de apoyo mutuo.

Con esta socialización, las PAH revientan ese eslogan de que si te hipotecaste es porque querías vivir por encima de tus posibilidades y propagan una verdad superior, solidaria y crítica, que ya no puede leerse en clave individualista. Y todo esto se hace al estilo hacker: con el manejo virtuoso del código (legal) para desobedecer y violentar los límites usando las mismas reglas de juego, las mismas leyes y el mismo espacio formal que el adversario, pero que ya no son lo mismo porque la crítica y la solidaridad los han deslegitimado, y por eso, cuando se sale a la calle, la calle ya está ganada.

Obvio, pero hay que decirlo

La gente no está interesada en hablar de libros, sino en hablar de sus preocupaciones, sus asuntos, lo que tiene entre manos... No obstante (yo no estaba del todo segura), en esta época multimedia un libro sigue siendo un dispositivo útil para organizar el pensamiento y la conversación.

Mi agradecimiento a todas las personas que me han sacado de casa, organizándome viajes y estancias muchas veces pagados de su propio monedero, y a todas las que han accedido a conversar sobre el Kit. Todo ello me ha ayudado a comprender mejor cómo y por qué se está luchando.