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¿Son más valiosos los muertos por Covid que los demás? ¿Por qué se ha parado el mundo [se le ha parado] por esta enfermedad en concreto? Mueren de hambre, la principal causa de inmunodeficiencia adquirida, cerca de 40.000 personas al día; más de seis millones de niñ*s menores de 15 años murieron de hambre en 2017. En 2018, se estimaron 405.000 muertes de malaria en el mundo. ¿Es el sufrimiento derivado del Covid más importante que el derivado de la pobreza o del trabajo extenuante o de la violencia? ¿Más importante que el de l*s miles de refugiad*s que vimos congelarse a la intemperie el pasado invierno? Son preguntas duras que señalan lo que tod*s sabemos: unas vidas valen más que otras. El deseo de defender las vidas valiosas ha paralizado la economía mundial hasta el punto de ir a causar un inmenso sufrimiento para otros cientos de miles de personas. ¿Qué vidas se han defendido? ¿Qué vidas se han puesto en riesgo porque sus trabajos son "esenciales" mientras que pueden seguir siendo los peor pagados -cuidadoras, personal de residencias, jornaler*s, riders?
 
La crisis no la pagaremos tod*s igual tampoco. Ya sabemos (aprendimos mucho desde 2008) que l*s primer*s despedid*s son l*s más precari*s, l*s primeros también en no poder pagar su casa (ni en endeudarse sin ninguna expectativa de empleo); direct*s a los comedores y roperos sociales y a habitaciones en casas compartidas, siempre con la preocupación de que les quiten a sus hij*s. La segunda posición va para l*s que tienen que vivir con la mitad o menos de los ingresos, también a comedores públicos, quizá puedan mudarse a una casa más pequeña, pero desde luego callarán ante cada hora extra no pagada, ante cada piropo fuera de lugar. En la otra punta, despedid*s con paros máximos, que esperan en sus confortables casas la reactivación económica, quizá no puedan viajar fuera de Europa este verano, quizá les agobie no poder mantener su tren de vida; por no hablar de funcionari*s o altos profesionales sin riesgo de perder el empleo. ¿Quiénes pueden esperar a la recuperación sin perder la cabeza o el cuerpo en el mientras? Y algunos no tardarán en decir que la culpa de la deuda pública es de l*s parad*s o que l*s desemplead*s no merecen tanta deuda pública o que el país no puede permitirse tanta deuda o eso lo dirán unos mercados en connivencia con los poderes políticos en cuanto al modelo económico a defender. Pero ¿quién tomó la decisión de cerrar la economía y para defender qué vidas? ¿Qué vidas nunca se defienden porque su estado natural es la precariedad?
 
Nos extrañamos de los movimientos populistas de derechas. Nos extrañamos de la frialdad del norte de Europa imponiendo un austericio que el virus ha convertido en muertos, recortes sanitarios y sociales mediante. Es la misma lógica que se aplica al resto del mundo y a l*s empobrecid*s de nuestras sociedades. Es la lógica capitalista, originaria y permanente, que establece una jerarquía en el valor de las vidas, una jerarquía basada en la capacidad económica -estructurada a su vez según ejes de origen, color de la piel y género- que determina la vida, la muerte y el sufrimiento. En este sentido se dice que el capitalismo es fascista.
 
Y cuando el mando, el gobierno en este caso (pero igual las comunidades autónomas o cualquier unidad de mando), se alza además con la portavocía de un valor supremo como la "defensa de la vida", homogeneizando todas las vidas, es difícil que abandone tal posición de poder. Por eso, una vez pasado el pico de contagios, la curva exponencial, cabe preguntarse si realmente queremos y creemos que este Estado y este sistema económico van a protegernos. No para caer en conspiranoias, por desconfiar de todo, sino precisamente para no mantener un aislamiento social que solo nos hace más frágiles, para buscarnos en persona, cuando los datos lo permitan, con mascarilla, guantes y gel, pero en persona. Porque una cosa es no contagiar ni contagiarse y otra mantener nuestras vidas y nuestras economías en cuarentena indefinidamente, pensando que estamos segur*s en casa. Tenemos que volver a estar junt*s para exigir responsabilidades y que los gestores públicos y privados de las residencias no se vayan de rositas, para decir que no pagaremos la crisis mientras se ayuda a multinacionales con sede en paraísos fiscales, para amplificar una huelga de alquileres que desmercantilice la vivienda: para combatir este sistema que deja morir y mata todos los días a más personas de lo que hará el coronavirus nunca.
 
Para analizar en profundidad las relaciones entre capitalismo y fascismo, neoliberalismo y neoconservadurismo, sus alianzas, superposiciones, continuidades y discontinuidades, sus objetivos comunes y difentes, proponemos este itinerario de libros que reflexionan desde múltiples puntos de vista sobre esta cuestión esencial para entender cómo las corrientes conservadoras y autoritarias son la base y redoblan la legitimidad de las jerarquías del capitalismo neoliberal, justificando la explotación y la subordinación de las mayorías.